CROSSOVERS

¨Crossover¨ de Ana Cristina Díaz Tugores y Alejandro Efraín Sanchéz Prieto

 En el lejano pueblo de Hamelín se estaba viviendo una crisis nunca antes vista, todas las calles, hasta el más pequeño y escondido ricón estaba infestado de ratones, estos se comían los cultivos y asaltaban las cocinas de los habitantes a plena luz de día, eran infructuosos todos los intentos de deshacerse de ellas, cada día parecía multiplicarse el número de invasores, lo que ellos desconocían era el origen de la plaga, que había sido producto de una maldición lanzada por una bruja, esto como venganza, ya que ahí vivieron los unicos dos niños que lograron escapar de ella Hansel y Gretel, aunque ya no estaban ahí la bruja guardaba un gran rencor al pueblo, esta bruja disfrutaba mucho de dos cosas, el dinero y comer niños.

Ante está situación y con unos pobladores desesperados hicieron un aviso: “se le dará 100 monedas de oro a quien logre acabar con todos los ratones”, varios exterminadores acudieron al poblado interesados en la jugosa recompensa, aunque nadie lograba nada.

El rumor de la gran recompensa llegó a oídos de un joven flautista delgado y en busca de alguna odisea que diera inicio a su nueva carrera de aventurero, el sabía que no había forma natural de sacar a los roedores de Hamelín, así que se le ocurrió una idea, ir a visitar a la bruja en busca de algún objeto mágico que le ayudara en su misión.

Emprendió su viaje, después de caminar casi un día finalmente llegó con la bruja, vivía en una vieja cabaña que desde lejos desprendía un olor fétido que recordaba al olor que emana el cadáver de un animal después de estar días en las manos de la naturaleza, olor que podría hacer vomitar a cualquier persona, se rumoraba que en sus mejores momentos esa cabaña estaba hecha de los más deliciosos dulces, puertas de chocolate con picaportes de caramelo, las cortinas eran obleas, los troncos de la chimenea eran de turrón que desprendían un delicioso aroma al ser quemados, estos atraían a los niños que despues devoraba la bruja, esta cabaña se mantenía radiante gracias a la magia de la bruja, hasta que en un incidente con dos niños casi muere, quedando muy débil y dejando su casa en ese terrible estado.

Temeroso el flautista se acercó y tocó la puerta, está era pegajosa y de unos viejos colores brillantes llenos de moho, sin duda ya no era lo mismo que antes.

Abrió la puerta una anciana que parecía salida de un sarcófago, parecía tener quemaduras por todos lados, daba la impresión de tener una voz que presagiaba la llegada de la muerte, el flautista entre titubeos y con una voz temblorosa le explicó lo que quería hacer, la bruja se confundió al principio, el joven le estaba pidiendo ayuda para acabar con su propia maldición, pero ella aprovecho la oportunidad e hizo un trato con el muchacho, ella encantaría su flauta para que con sus melodías pueda deshacerse de los ratones, a cambio le daría 80 de las 100 monedas de oro, el futuro aventurero quien no estaba completamente interesado en el dinero acepto gustoso, todos hablarían del joven aventurero que salvó al pueblo de Hamelín.

La bruja le advirtió, que si no regresaba, que si no le daba lo acordado, lo encontraría en cualquier lado, no lo mataría, le haría algo mucho peor, lo dejaría maldito le pagaría los labios a su flauta, las uñas se le caerían de cada dedo, la piel se le arrancaría por pedazos, dejando la carne viva expuesta provocando que cualquier cosa que lo toque le causará un dolor insoportable, viviría un infierno en vida y cuando quisiera descansar con el sueño eterno lo buscaría en el infierno y lo seguiría torturando por toda la eternidad, hasta que el tiempo dictará su último segundo.

Hecho el trato la bruja lanzo su hechizo en su instrumento, ya listo se puso en camino al cada vez más desesperado Hamelín, mientras salía del bosque comenzó a tocar su flauta, buscando calmar el miedo que apenas le permitía caminar, al dar inicio a su melodía noto que los animales comenzaban a seguirlo, ardillas, conejos, aves incluso las pequeñas hormigas iban detrás de la música.

Llegó a Hamelín en la mañana y dijo: “esa recompensa será mía, no quedará un solo ratón para antes de la noche”, dicho eso empezó a recorrer las calles del pueblo tocando su flauta mágica, rápidamente los roedores se acercaron a el, salían de todas partes, de las casas, de los techos, de las grietas entre las paredes, no había ratón que se resistiera al hipnotizante son.

Ya teniendo la atención de todos los roedores comenzó a alejarse, llevándose a los ratones consigo, volvió al poco rato listo para recibir su ansiada recompensa y preparado para que su nombre recorriera el mundo como “El gran flautista de Hamelín”, pero cual fue su sorpresa cuando los habitantes se negaron a pagar una sola moneda, usando de excusa que la plaga había estropeado todos sus cultivos y no tenían dinero para pagar.

El muchacho sabía que no podía llegar con la bruja sin nada en las manos, la desesperación lo invadió, no podía pensar, sentía que la cabeza le daba vueltas, parecía tener gelatinas por piernas, le costaba respirar, tenía una sensación extraña en el pecho, y entre toda esta confusión solo se le ocurrió una idea, esperaría a la noche y se llevaría a los niños para intentar pagar su deuda.

Así lo hizo, espero a la noche y nuevamente recorrió las calles con su flauta, está vez no era una plaga lo que se llevaba, eran inocentes niños, niños que no eran culpables de nada, lentamente los llevo hasta aquella cabaña putrefacta, su conciencia no lo dejaba en paz, pero ya no se podía echar para atrás, al llegar a la cabaña le explicó todo lo que sucedió a la bruja, quien nada disgustada acepto a los niños como pago, el flautista los metió a la cabaña, dónde la bruja los arrojaba a un gran contenedor, eran consumidos por una suerte de elixir tan oscuro como la noche, los gritos de sufrimiento inundaban el bosque, el flautista empezó a tocar para intentar ahogar aquellos gritos.

El último niño fue arrojado, había un silencio ensordecedor, la bruja comenzó a tomar la ahora viscosa y espesa masa oscura, con cada sorbo sus quemaduras desaparecían, tomaba la apariencia de una dulce abuelita, de esas que te darían las más deliciosas galletas con un vaso de leche, la casa también sufría cambios, volvía a su forma anterior, todo adquiría una mejor apariencia, de no ser por recordar su estado anterior el flautista le hubiera quitado una esquina a la mesa de chocolate.

La mañana llegaba a Hamelín, el sol acariciaba el techo de las casas, aunque algo estaba mal, algo había cambiado, no se podían escuchar las risas de los niños, el llanto algun niño que no quería comer sus vegetales, los buscaron por todos lados aunque no lograron encontrar nada, ni un solo rastro de ellos, en las casas solo se escuchaban los sollozos de madres desconsoladas, consientes de que sus hijos no volverían, las mejillas de las personas parecían ríos de lágrimas, el que alguna vez fue un alegre pueblo se había hundido en la tristeza, todos se arrepentían de no haber dado las 100 monedas, el precio que pagaban era demasiado alto pero no había nada que hacer.

El flautista, ya libre de todo trato con la bruja se dispuso a irse lejos de ahí, no podía cargar con la culpa de sus acciones, se cuenta que nunca volvió a tocar su flauta, que enloquecio, creía que los animales lo seguían.

El pueblo de Hamelín no logro recuperarse de lo sucedido, al poco tiempo solo quedaban ruinas, no quedaba ningún habitante.

La bruja siguió haciendo de las suyas, engañando niños para devorarlos.



¨Los niños perdidos de Hamelin¨ (Crossover) de Fernando Uriel Serrano Colli y Gener Daniel Couuoh Barrera

Hace tiempo en la ciudad de Hamelin habían unos jovencitos llamados Hansel y Gretel, los cuales estaban perdidos, ya que sus padres los habían abandonado desde hace bastante tiempo, solo que ellos vagaban sin rumbo, hasta que se encontraron dicha ciudad. Hombres de la ciudad les avisaron a los niños que era muy peligroso andar en ese sitio, por el simple hecho de que había una plaga de ratones desde hace 5 años, cuyos avisos, que decidieron ignorar, cuando de repente apareció un misterioso sujeto tocando una flauta, lo cual llamó la atención de los animales y salieron a invadir a la población entera. Los infantes corriendo intentaron escapar, de pronto el Flautista les colocó un costal en la cabeza, de igual manera llevó a los pequeños a su casa, ahí los mantuvo en un sótano. Los pequeños atemorizados decidieron planear una trampa, consistía en fingir que estaban muertos. Aquello funcionó, ya que al día siguiente, les grito y ellos no contestaban, le sorprendió y bajó a su sótano para ver que pasaba. Encontró el cuerpo inerte de los infantes, en ese momento colocó sus cuerpos en una bolsa negra, la puso en la cocina y llamó a la policía para inventar que hubo una masacre cerca de su casa y que él había rescatado a los cadáveres. A lo lejos se escuchaba como se levantaban lentamente ello, el Flautista soltó el teléfono y fue tras ellos, escaparon lo más rápido posible y llegaron donde vivían antiguamente, antes de eso agarraron la flauta del sujeto, pero recordaron que sus padres los abandonaron sin piedad, lo que hizo que se retiraran del sitio, al poco instante que iban a irse, sus padres, los cuales corrieron hacia ellos y los abrazaron fuertemente, pidiéndoles perdón, los hermanos aceptaron. Mientras que estaba ese suceso tan significativo, el Flautista se estaba volviendo loco, porque con la Flauta no podía llamar a los ratones, los cuales eran sus aliados al momento de robar a algún niño. Finalmente el Flautista fue encarcelado en un manicomio, ya que no estaba tan bien. La ausencia de su flauta le afectó mucho.



Comentarios